Anfiteatro



Para los cadáveres de la Facultad de Medicina


Dime algo, cuerpo inerte:
en este cuarto tan frío,
¿te duele acaso el saberte
por médicos estudiado?
¿O el olor simple y amado
de tu formol inyectado
me ha provocado que, al verte,
sienta yo un escalofrío?
¡Piénsalo bien, muerto mío!
¡Que yo maldigo tu suerte!
Pues ya no puedes tenerte
en pie, ni para gritar
que no te metan cuchillos,
que no taladren tu frente,
que no te mire la gente
que te viene a desecar.
Mas no inspiras miedo fuerte;
solamente haces pensar
que al morirme podré estar
con tu color de mamey,
émulo de Dorian Gray
con las tripas al azar
esparcidas en mi cara
y entre las costillas, nada
de lo que allí se ha de hallar.
Todo esto me hace dudar
que morir, hoy día, sea honroso;
y no me da ningún gozo
poder la pata estirar.
Pues no soporto pensar
en el gentil alborozo
de los hijos que al felpar
quieran mandarme a un altar
para reclamar mi herencia
y, sin ninguna paciencia,
a un hoyo mi cuerpo echar.
Mejor de ti me despido
diciéndote, generoso:
¡Vete, muerto! ¡Vete al pozo!
¡Vivo estoy para gozar!



* Poema escrito durante 1988. Publicado ese mismo año en revistas y suplementos literarios. Premiado en 1994 en el Concurso Estatal de Poesía "Jorge Cuesta"