
Para Frida Mazzotti,
esta nueva fundación
"Toda construcción está hecha de ruinas,
y nada hay nuevo en este mundo sino las formas.
Por eso hay que destruir las formas".
Marcel Schwob
"El hombre es lo que ama
y ama lo que desaparece".
William Butler Yeats
I
Cuando el fuego contundente
extiende su reinado y sacia el hambre
te muestras
Liturgias olvidadas te celebran
Surges como diosa antigua y nueva
En todo tu esplendor te manifiestas
El Ave
El Ser
El Poder
se despliegan en tu esplendor y belleza
Fulgor terrible
Pasión y sabiduría
Como un Fénix
caminas de nuevo sobre la Tierra
II
Encenderé con férulas la hoguera
donde para obtener tus favores
oh hija del quemante incienso
sacrificaré cuerpos tiernos
sacrificaré palpitantes corazones
sacrificaré huesos quebradizos
sacrificaré piel hirviente
sacrificaré sangre inocente
sacrificaré ojos ciegos
sacrificaré gritos y lamentos
sacrificaré niñas y mujeres
sacrificaré doncellas y guerreros
sacrificaré insufribles viejos
sacrificaré el mundo entero
sacrificaré el universo entero
sacrificaré el tiempo entero
sacrificaré el Ser entero
esperando solamente
obtener de tu luz una mirada
III
Entre el abrazo tu espalda eriges
Dulce tortura deseada y plena
La daga muerde esa carne adentro
Un lago colma la herida abierta
Dos ríos derraman agua en dos cuerpos
De hinojos rezos prohibidos de agua
Besos tras besos besos tras besos
La noche exhausta de amor mojada
Hay dos espasmos y dos suspiros
Mil las caricias cien los sudores
Dos los aromas dos las miradas
Dos los desnudos dos los amores
IV
Mi boca
Degusta
Tu boca
Tu cuerpo
Recibe
Mi cuerpo
Tu sexo
Mi sexo
Tu sexo
V
Ante los silentes pabilos de las velas
Dos cuerpos se entrelazan y se encuentran
Ninguna victoria es tan completa
Como asumir la derrota y de rodillas
Ofrecer el propio cuerpo como premio
Y en el albor de aquella lluvia blanca
Los dos beber juntos de esa fuente
VI
Nada más eterno que el juego de las mariposas
Degustando lentamente la flor pródiga en néctar
Nada más ansioso que este beso entrecortado
El febril acompasarse en la tersura
De las rojas amapolas de tu cuerpo
VII
El amanecer es húmedo en tus playas,
amada sirena de blanca piel.
Juntos en el sitio costero,
tibios uno del otro:
seres extraños, ajenos, indiferentes
a lo que no sea nuestro mutuo secreto.
Devoras mi piel de pescador cansado;
yo te guío como a una barca.
El crepúsculo es húmedo en tus playas,
dorada sirena de nácar piel.
VIII
Cubriré tu cuerpo con gladiolas blancas
Cerrando tus párpados bajo crisantemos
Poniendo jazmines que besen tus plantas
Con las amapolas cuidándote el sueño
Velaré tus noches cuando estés dormida
Soñaré contigo cuando esté despierto
Mirará la playa tu infantil sonrisa
Dejarán mis labios sobre ti el aliento
Te amaré cual niño como a una muñeca
Te amaré cual hombre como a los recuerdos
Y en los días finales de girante rueca
Viéndote a mi lado te amaré cual viejo
Cubriré tu cuerpo con gladiolas blancas
Sentiré que no soy digno de hacer esto
Y de madrugada al tiempo que cantas
Suaves rosas rojas dirán que te quiero
IX
Los ríos persiguen el camino de las aves
Aquella noche bebimos de las vides
Compartimos palabras y miradas
Supimos la respuesta de preguntas no escuchadas
Toma entonces mi mano y avancemos
Sabes que la fe del ave sobrevuela los abismos
X
En las tibias mañanas yo te busco
como busca la alondra conquistar el cielo.
XI
Algo de diosa encarnas, es tu tiempo
el instante de los panes y los peces.
Algo de bruja tienes, de hechicera,
de sibila que conoce todo signo
encontrado en las entrañas del cordero.
Algo de mujer primera, de milagro,
de virgen y gitana, un sortilegio
se refleja en tus muslos, un desvelo.
Algo de mí mismo emanas, algo extraño,
algo que seduce y enamora, algo…
XII
Como a la Divinidad, te encuentro
presidiendo las cosas de este mundo.
Bebo tu calor en el vino rojo
y en cada sorbo intuyo
el dulce sabor de tu boca.
En el aroma noble del pan
percibo los perfumes de tu cuerpo.
El almendro con su fresca sombra
imita la tersura de tus manos protectoras.
Los dioses bendicen a los hombres:
aquel vino, aquel árbol, aquel pan,
ese cuerpo, esa boca y esas manos.
¿Es acaso este amor un tiempo presagiado?
¿Un silencio compartido? ¿Un mito?
¿La posibilidad apenas de observarte y murmurar:
me gusta cómo dueles?
XIII
Está escrito en el Libro de la Vida
que en los días interminables y las noches eternas,
compartamos el agua amarga de la pena,
la sal en las heridas,
las lágrimas, el frío, la bilis derramada.
Que seque tu llanto con besos de ternura.
Que exhausto te cargue a través de la montaña.
Que cure tus llagas con pétalos de rosa
cuando el mundo te acaricie con espinas.
Seremos luego polvo más allá del viento,
seremos luego viento más allá del polvo.
Sé que nadie ha conocido tu rostro.
Pero tú y yo somos de la misma sangre.
XIV
En la mágica noche de San Juan
hueles a sal y a incienso bendecido.
A tu paso se inunda todo el pueblo
con el leve fulgor de la canela.
¡Cuántas mujeres hay en tus andares!
¡Cuántos ojos se asoman a tus ojos!
Tu nombre es Legión y multitudes
se expresan por tus labios y tus manos:
la sangre del sufrir mediterráneo,
el baile de gitanos errabundos.
¿Puedes amar, suave criatura mía?
¿Siente un dulce dolor tu pecho abierto?
Habitas como casa a la tormenta.
Yo traspaso los días
como agujeros.
XV
Te escribo esta carta de nieve;
ha de cruzar los destierros, los exilios,
la distancia, el tiempo, el desencuentro,
Te escribo esta carta de nieve
para que llegue a un lejano desierto;
no la detenga el olvido, ni el veneno,
la lluvia o la sequía, el mensajero incierto,
el ruido de la guerra o el silencio.
Te escribo esta carta de nieve
que leerá tu corazón de fuego.
XVI
Si fueses un campo de centeno sembraría
en tu vientre de ocre mis plegarias.
Si yo fuese ese campo, esperaría
que como el viento acariciases mis espigas.
Si ambos lo fuésemos, podríamos
crecer juntos bajo el sol de la mañana,
ser flexibles ante el embate de la ventisca,
seguros de que un día nuestra dorada presencia
brindaría alimento al hijo del hombre.
XVII
Que al dormir una noche te presienta
en el tenue respirar de los ensueños.
Que el descanso aligere nuestros días
y los párpados se rindan al cansancio.
Que perciba el olor de tu cabello,
los paisajes tibios de tu cuerpo.
Y al abrir mis ojos yo te encuentre,
y tu ausencia sucumba a tu presencia.
* Poemas escritos durante 2007 y 2008. Se publican aquí por vez primera. Deben mucho a Marcel Schwob, a Rudyard Kipling y a la influencia de los poetas nórdicos; en ellos hay dos versos robados, uno a Martín Corona y otro a Dolores Castro, ambos amigos queridos de quien esto escribe.