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A la memoria de mi hija,
Aurora del Carmen Cruzmeza y Muñoz,
porque nos une más de lo que nos separa
“Por mí se llega a la ciudad doliente,
por mí al abismo del tormento fiero,
por mí a vivir con la perdida gente.
La Justicia a mi autor movió severo:
me crearon el Poder que todo alcanza,
el Saber sumo y el Amor primero.
Antes de yo existir no hubo creanza;
la eterna solo y eternal yo espero.
‘¡Los que ingreséis aquí, perded toda esperanza!’".
Estas palabras vi con rostro austero.
Dante Alighieri
PARAÍSO
El sueño comenzó hace mucho tiempo
onírico y extraño nuevo oficio
donde eras luminosa esperanza
que marcó en advenimiento lo inasible
Y ella cantaba
Peinaba su melena a medias luces
añorando la curva del deseo
mirando la hinchazón la medianoche
reflejada en el anhelo de tus ojos
Suavidad de los planes y el pasado
del ropaje tierno
besos en el epicentro que causaba
telúricos sacudimientos e involuntarias exigencias
La esencia de las manzanas
nos desgasta poco a poco desde entonces
Siete trompetas anunciaron tu llegada
Siete trompetas anunciaron tu partida
PURGATORIO
Diciembre se acerca nuevamente
y la hiel derramada en nuestras manos
con romper amenaza olvidadas remembranzas
Las mismas calles los mismos horrores
lo insensato del sudor en alborada
amargura deslizándose espesa y asfixiante
por nuestra garganta reseca
piel hecha escarcha vuelta veneno
ponzoña de despojo fuente de bilis y sanguaza
aroma a cera y a pabilo
con lo dulzón de los brotes amarrados
Al tiempo que el dolor es cosa tuya
que destruyes poco a poco la utopía
me enervas y aplastar deseo
entre mis dedos asfixiados de nicotina
tu eterno sacrilegio
Porque la soledad es un asunto que olvidar no podemos
Por la ausencia del fruto del pecado
del azul del cielo
de aquello que este lecho ha convertido
en desolación insufrible insoportable
donde nuevos aires no logran justificar
ni provocan
el florecimiento
del limonero
Nacimos de nuevo con su llegada
Morimos de nuevo con su partida
Bañados en lo amniótico de lo insondable
del misterio de la vida eterna
nuestros ojos cegamos en la luz etérea
con los golpes a la puerta desde dentro
bajo las ramas susurrantes de los árboles
y allá donde el otoño se transfigura en hojarasca
nos conmovemos
Nuestro sufrimiento no tiene perdón de Dios
Horas pasadas en el laberinto
sangre helada rozando nuestro pecho mi regazo
mientras huyo y te destrozo buscando escapatoria
Ahora
que el presente es una fosa en viejos tiempos
dolientes de nuestro propio entierro
convivamos con la ira y la derrota
asistamos al sepelio de tu vientre y mis entrañas
observando añejas flores marchitándose en la casa
leve aroma que perfuma para siempre nuestro duelo
y pasadas las cuatro del domingo
lloremos
Diciembre se acerca nuevamente
El Árbol de la Vida está marchito
maldición divina apenas conferida
Un húmedo hedor nos dará la bienvenida
aromando nuevamente la senda hacia el Infierno
descendiendo
como antaño
como hace tantos años
la morbosa ruta del martirio
al hallarme nuevamente solo y consumido
derramando la fetidez vuelta salitre en mis pupilas
Sólo un campo más pero lo que plantamos allí
No osaré poner rosas negras sobre tu sepulcro
aunque esté sembrando tierra para morir
INFIERNO
Hija nuestra
que estás en la tierra
Las madrugadas serán cada vez más heladas
En el interior de mis lamentaciones
grito de aquello que al espíritu atormenta
los puñados caerán sobre la tapa de tu cuna
blanca blanca
donde duermes rodeada de juguetes
macabras muñecas danzando en derredor de tu cadáver
con los miembros ateridos por el frío de nuestra ausencia
y en la noche te susurran causando ecos en la fosa
que tu padre ya no duerme
Pues mis ojos
sangrantes desde el tiempo en que te fuiste
llorosos de formol y de antisépticos
postrero abrazo helado en la antesala del averno
se deshacen y resbalan por mis cuencas
cual gusanos viscosos
ya no miran ya no duelen ya no existen
van tras de tu rastro como estelas de carroza
y los guardo en cofrecillos de madera olor a pino
Luctuosamente
devorando en tu memoria los abrojos y las sierpes
descenderé por los muros que han de rodear tu presente
me acostaré junto a ti en el agujero en que te meces
niña eternamente
conversando con aquello que mora donde te adormeces
Mientras canto voy peinando tu caoba cabellera
y he de escuchar allá arriba
goterones resonando en mi lápida sin letras
Te contaré así que todo se pone peor cada día
te daré consejos nuevos para que nunca te aburras
te lavaré las heridas con mis lágrimas finales
en el nicho pétreo vientre
que tu infancia absorbe y roba
mientras canto mientras peino
tu cabellera caoba
Cuando me halle de regreso en mi propio mausoleo
cripta de césped quemado que en granito se convierte
me envolveré en mi mortaja blasfemando
Con las palmas de mis manos manchadas de sangre y fango
con el hedor de la muerte impregnando carne y huesos
percibiendo tus sollozos tus gemidos
reclamando la presencia de tu madre
terror a la oscuridad vuelta obsesión en mi memoria
silencio de la tumba sepultando todo anhelo
soledad que te condena a una eternidad de hielo
Hija nuestra
que estás bajo el suelo
* Poemas escritos durante 1997, incluidos en el libro Funeraria, publicado en 2007 por el Instituto Veracruzano de Cultura, en su colección "Cuadernos del Baluarte". Antes aparecieron editados en algunos suplementos literarios. Mi deuda al escribirlos es grande e impagable. El título del libro y algún que otro verso robado forman un pequeño homenaje a la poetisa regiomontana Ofelia Pérez Sepúlveda, en memoria de las jornadas de Mazatlán en 1998 y, sobre todo, de sus impresionantes líneas. Por otra parte, las tres mujeres que inspiraron el volumen y cuyos nombres constan al inicio de cada apartado, fueron, son, serán, parte del sueño recobrado durante la desesperanzada noche de la muerte.