Carlos Manuel, ¿cómo surge tu amor por la Literatura?
Aprendí a leer a los tres años y a escribir a los cuatro, gracias a la dedicación de mi madre, Carmen Cecilia Meza, quien es médico, poetisa y pintora. Desde entonces leía con avidez todo lo que caía en mis manos; muchas novelas de aventuras de Jules Verne, Emilio Salgari, R.L. Stevenson; luego llegaron el terror y la ciencia ficción: Poe, Lovecraft, Wells, Bradbury. Luego me apasioné con los griegos y latinos; leía muchas tragedias y creo que eso dejó una marca profunda en mí. Después empecé con lecturas que no comprendía del todo, como Dante, pero en las que intuía una fuerza poderosa que me fascinaba. La poesía también me tocó desde muy pequeño; con el tiempo, amé a los poetas de habla inglesa y francesa, aunque también a los brasileños, españoles, nórdicos, sudamericanos y japoneses. Los mexicanos nunca me han convencido mucho, con sus honrosas excepciones, como Sor Juana, Salvador Díaz Mirón, Octavio Paz o José Carlos Becerra, entre otros. Sería pretencioso negar la influencia en mi formación de las historietas, las cuáles he leído toda mi vida; coleccioné El Hombre Araña desde que tenía cinco años, aún conservo esas colecciones. También me aficioné a temas poco habituales, como simbología, criptozoología, ocultismo y magia, en fin; Dios, el Diablo y el Hombre bailando e intercambiando lugares. A los seis años empecé a fabular, a los siete escribí mis primeros textos. En esos años dibujaba mucho, aún conservo lo que en ese momento bauticé como Libro de Monstruos: un cuaderno con más de doscientas ilustraciones de bestias mitológicas, asesinos reales, creaturas cinematográficas, personajes literarios y algunas creaciones mías. Hice seis o siete cuadernos de ese tipo, todos diferentes, pero sólo quedó uno.
¿Contribuyeron a tu formación otras disciplinas?
Indudablemente. La música, por ejemplo; mis padres escuchaban de todo, desde Beethoven y Mozart hasta The Beatles y Hervé Villard, Pedro Infante y José Alfredo Jiménez, mucha música italiana, española, francesa, mexicana, brasileña, africana, china… sería prolijo enumerar esto. Y mi padre, Antonio Cruz Soto, amaba a Los Beatles. Hasta la fecha me defino en broma como “un promiscuo musical”, ya que me gusta escuchar todos los géneros, aun los más extraños o los más vilipendiados. En el caso del cine fue igual: en mi casa se veía toda clase de películas, desde cine de arte hasta la cartelera comercial. Creo que nunca tuve problemas con los límites de lo que algunos, pomposamente, refieren como “alta cultura”. Íbamos a museos, a obras de teatro, veíamos exposiciones, leía volúmenes sobre pintura y escultura, pero también sobre temas como gastronomía. La ciencia también me apasionaba, dado que mis padres son médicos. En mi adolescencia lo que más leía eran revistas de divulgación científica. Luego tuve formación académica: estudié Letras Españolas en la Universidad Veracruzana, así como módulos de Historia y Sociología en la misma institución. Años después, hice la Licenciatura en Publicidad y Relaciones Públicas. Finalmente, cursé Criminología y Criminalística.
Háblanos sobre tus primeras obras literarias…
Omitiré mis primeros esbozos, realizados cuando era niño o adolescente. Desde los once años escribo diarios personales, con algunas interrupciones. A los doce años, en 1986, colaboré con algunos cuentos que fueron dramatizados en la radio; aún tengo una grabación de esos años. A los trece hice algunos poemas, muy malos. A los catorce, en 1988, publiqué por primera vez en una revista; un año después, escribí y publiqué el que considero mi primer cuento: “La cueva del unicornio”, un homenaje a W.W. Jacobs. En 1990, a los dieciséis años, escribí más que nunca en mi vida: una novela policíaca de mil páginas a espacio cerrado, titulada El elíxir amargo; y una adaptación abreviada de los principales mitos griegos, en forma de novela, de trescientas páginas. Aún conservo las dos. ¡Imagínate, mil trescientas páginas de creación en menos de un año! En esa época tenía una energía y una vitalidad que ahora envidio.
¿Luego llegó tu primer libro publicado? Cuéntanos sobre esa novela, Zona de guerra…
Siempre recibí apoyo de amigos: Gonzalo López Barradas, Magno y Benjamín Garcimarrero, Carlos Romano, José Luis Poceros Domínguez, Manuel Rosette… En 1997, gracias a Raúl Hernández Viveros, apareció mi primer libro: una novela que escribí en dos semanas, titulada Zona de guerra. Hoy me siento muy lejano de ella, pero sigue siendo una obra querida. Creo que ha sido la obra que más gente conoce. La he reescrito y ahora hay una versión nueva; incluso, hice un guión cinematográfico basado en ella. Otras obras mías posteriores tienen alusiones a esa novela, guiños intertextuales; es parte de un juego de espejos, de la creación de una continuidad dentro de mi obra narrativa.
¿Consideras entonces que tu obra es una totalidad?
Es una totalidad que nunca terminaré de escribir. Tengo docenas de proyectos que sé que nunca se concretarán; moriré antes de escribir todo lo que deseo. Pero intento que los más significativos se vayan concretando. La ficción es parte de mi realidad, aunque suene como una contradicción. Me gusta contar historias, jugar con el lenguaje, crear personajes, expresarme.
Dinos más sobre tu obra narrativa.
Tengo una tetralogía de novelas que conservan un hilo conductor, tres de ellas ya escritas y una en curso: Zona de guerra es la primera; la segunda es El deseo de matar a una mujer, que sirvió como base para el guión de la película Escrito con sangre; la tercera es Proteus; la cuarta y última, que actualmente escribo, se titula La Oscuridad. Aparte tengo una novela fragmentada de ciencia ficción, titulada Leyendas, que es el cimiento de una saga muy extensa que jamás escribiré. A lo largo de los años, he escrito también muchos cuentos cortos. Dentro de la narrativa, hay un proyecto a futuro inmediato que sí quiero concretar; una novela titulada Urbe; quiero contar un día en la historia de una gran ciudad (que nunca se identificará, pero puede ser Nueva York, Madrid, París, Ciudad de México, Tokio, Londres…) La novela iniciará a las 00:00 de la noche (capítulo uno), continuará a las 00:01 (capítulo dos), seguirá a las 00:02 (capítulo tres) y así sucesivamente, hasta las 23:59 horas. En un día hay 1440 minutos, así que tendrá 1440 capítulos. Imagínate: una novela que podrá leerse en tiempo real.
¿Y tu obra poética?
Esa siempre ha fluido con un tiempo propio; por eso es escasa. Escribo muy poca poesía, aunque es la parte de mi obra que me brinda más satisfacciones y la que conlleva más una carga personal. Supongo que es inevitable. Mis poemas casi siempre han tendido a ser bastante oscuros; aún los poemas de amor, retoman elementos mortuorios. El ejemplo más acabado es, sin duda, Funeraria, aparecido en 2007.
¿Toleras la crítica a tu obra de creación?
Me es indiferente. Una vez que mi obra se da a conocer, ya no me pertenece. Nunca intento justificar o explicar mis obras; ellas deben comunicar un mensaje por sí mismas, aunque ese mensaje es siempre diferente, según la persona que lo reciba. Si mi obra es criticada o aplaudida, está bien. Pero nunca respondo las críticas. Caso distinto es la obra académica, como las investigaciones sobre algún tema, donde la crítica es necesaria para enriquecer el texto.
Has incursionado también en otros géneros literarios…
Creo que he escrito casi de todo: ensayos, artículos para revistas y periódicos, crítica de medios, textos sobre Artes Plásticas, una obrita de teatro, guiones para cine y radio, columnas de opinión, espots… Además, me fascina la Historia, muchos de mis textos son sobre ello. Me gusta vivir la Literatura.
¿Y en otros ámbitos del arte?
El Arte me fascina como un todo y he incursionado en disciplinas a veces dispares. ¡Hasta compuse una pieza musical para piano cuando era adolescente! (risas). Por ejemplo, me apasiona la fotografía; fotos de mi autoría han aparecido en revistas especializadas; he tomado paisaje, foto documental, retratos y desnudo. He sido actor, apareciendo en obras de teatro y en cuatro largometrajes; ¡en uno de ellos, aparezco como un personaje ausente en una fotografía! (risas). Coproduje una película, de la cual también escribí el guión, y he dirigido video clips y comerciales. Estuve un tiempo en la radio. Como estudié Publicidad, también he organizado campañas publicitarias. Hago Diseño Gráfico y varios de mis carteles se han utilizado en eventos. Diseño websites y sostengo un blog personal. Organizo y asisto a encuentros, coloquios y mesas redondas desde hace muchos años. Fui editor en varias instituciones y he coordinado varios suplementos culturales durante mucho tiempo. Conduje un segmento sobre libros y otro sobre cine en un programa de televisión durante tres años. Produje además un disco de flamenco pop de Fernando Soto e invitados, que incluye un tema muy jocoso, el cual coescribí y en el cual canto (risas). También sostengo un blog de investigación semanal sobre asesinos en serie y soy miembro de la Sociedad Mexicana de Criminología.
Sobre este punto, ¿de dónde proviene tu fascinación con la historia de los crímenes?
Desde niño escuchaba historias al respecto en conversaciones familiares. Me intrigaba la razón por la que algunas personas podían cometer atrocidades. También los cuentos de hadas incluían brujas que devoraban niños, ogros que cenaban gente, niños mutilados, etc. Además, mis padres vivían en la Ciudad de México y un día fuimos al Museo de Cera; debo haber tenido seis años. En el sótano estaba la exposición de monstruos. Pero allí estaban incluidos dos asesinos reales: Jack el Destripador y Henry Landrú. Jack era representado mientras acuchillaba y evisceraba a una mujer que yacía en el suelo, gritando; la figura de Landrú sostenía una pierna humana cercenada que estaba a punto de arrojar al horno. Esas dos figuras me impactaron, aún las recuerdo; todavía conservo el catálogo del museo. Cuando era pequeño, dibujaba en cuadernos escolares figuras terroríficas, asesinos incluidos; aún conservo uno de esos cuadernos. Debo haber hecho seis o siete, de doscientas páginas cada uno. Los llamaba Libros de Monstruos. En el que tengo aparecen Jack el Destripador, Landrú, Hitler y los Nazis, etc. En el momento de hacerlos tenía seis años, así que imagínate. Luego leía la página policíaca de los periódicos. También los sobrenombres de los asesinos me intrigaban: para un niño, oír hablar de destripadores, estranguladores, bestias, monstruos, de diferentes partes del mundo, es una invitación a la curiosidad. Si uno escucha de un tipo que se hace llamar “Asesino del Zodíaco”, u oye hablar de que un desconocido desmembró a una mujer conocida como “la Dalia Negra”, no puede sustraerse a una sucesión de inquietantes imágenes mentales.
¿Cómo surge el proyecto de tu polémico blog Escrito con Sangre?
Intentaba recuperar un subgénero periodístico que en México es muy popular, pero ha tenido mala suerte: el análisis sociohistórico del crimen. La nota roja fascina a los lectores, pero casi no existe literatura seria al respecto en nuestro país. Me enfoqué específicamente a biografiar a esos extraños y oscuros personajes históricos, los asesinos reales; nada de villanos de películas de terror o best-sellers, sino los auténticos protagonistas del crimen violento. Primero publiqué algunas entradas sobre el tema en Wikipedia. Luego lancé una columna que publicaba dominicalmente en el suplemento “Laberinto” del periódico Milenio. Pero algunas biografías eran muy extensas, o había fotografías que no podían incluirse, por cuestiones de espacio o de censura. Entonces pensé en otra opción; Internet me ofrecía la posibilidad de manejar todo tipo de materiales sobre un caso concreto en particular: texto, imágenes, documentos, videos, música, bibliografía, incluso hemerografía en línea. El domingo 7 de octubre de 2007 lancé la primera entrada, un texto de introducción al blog titulado “Memento mori”. Desde entonces, cada domingo a la medianoche he publicado una biografía diferente. Pueden leer todo lo que hemos publicado en nuestro website: www.escritoconsangre.com.mx
¿Ha tenido aceptación este proyecto?
Veamos los datos duros: llevamos publicadas más de cien biografías. Desde que el blog se lanzó, hemos tenido más de dos millones y medio de visitas. Más de quinientas personas se han suscrito al canal en tan solo unas semanas. Y casi ochocientos blogueros son seguidores (una forma de suscripción en línea) de Escrito con Sangre. También sostenemos una cuenta en Facebook, con casi cinco mil contactos, y semanalmente enviamos un boletín electrónico de novedades a quinientos destinatarios cautivos. Los comentarios y correos electrónicos que recibimos suman millares. Y un contador electrónico registra todo el tiempo, además del número total de visitantes, cuántos internautas están leyendo el blog en cada momento; simultáneamente lo leen entre quince y cuarenta personas en todo momento del día. Todas estas cifras son públicas y visibles. También coprodujimos con Prada Films y FridArte un largometraje con el mismo título del blog: Escrito con Sangre, dirigido por Fabrizio Prada, que cuenta con la participación de una treintena de actores y fue apoyado por el Gobierno del Estado de Veracruz. Está basado en el guión que escribí a partir de un caso publicado en nuestro website: el asesinato de Kitty Genovese en una calle de Nueva York, ante treinta y ocho testigos que nada hicieron para evitar su muerte.
Concretamente: ¿qué podemos leer en este blog?
Lo que nuestro eslogan promete: “Cada semana… ¡un nuevo asesino!”. Todos los domingos publicamos la biografía de un asesino real. Abarcamos todas las épocas y países, y toda clase de homicidas: desde forajidos asaltatrenes como Jesse James hasta líderes de sectas como Charles Manson; desde casos clásicos como el de Jack el Destripador, hasta otros pocos conocidos, como el de la niña japonesa Nevada Tan. También incluimos criminales mexicanos, como Gregorio “Goyo” Cárdenas, o personajes históricos como Herodes o Vlad Tepes, el verdadero Drácula. No dejamos a un lado acontecimientos históricos como el asesinato de Francisco I. Madero, el auge de la Alemania Nazi y sus campos de exterminio, o la muerte de John Lennon. Bandidos como John Dillinger, caníbales como Issei Sagawa, super stars de la hemoglobina como John Wayne Gacy. Tenemos en línea una cantidad enorme de materiales: miles de fotografías en buena resolución, casi medio millar de videos, innumerables documentos, docenas de cuadros sinópticos, mapas de los crímenes, cronologías, publicaciones virtuales especializadas, programas de radio y canciones relacionadas con los casos, amplísimas bibliografías ilustrando cada caso, recomendaciones filmográficas, docenas de carteles de películas rodadas sobre estos personajes, en fin: un banco de datos amplísimo y a la disposición de cualquier persona que desee consultarlo.
La pregunta clave es: ¿por qué realizar un blog sobre este tema?
Al ser humano siempre le ha fascinado el misterio; y todo misterio implica alguna clase de violencia. La violencia conduce al crimen, y todo ello es parte de los ingredientes de este website. Aunque hay una diferencia con otros sitios similares en español: lo que se pretende en Escrito con Sangre es publicar siempre un trabajo de investigación seria, basada en fuentes confiables como libros, revistas, documentos oficiales y personales, periódicos, actas, testimonios, entrevistas, documentales en video y, en menor medida, en otros sitios de Internet. Cuando llegas a nuestro blog, sabes que encontrarás el retrato completo de una personalidad criminal: su infancia y juventud, sus crímenes, quiénes fueron sus víctimas, su modus operandi, la investigación policíaca, el juicio y la condena, su impacto en los medios y en las artes, etc. También podrás consultar en el mismo post documentos en línea, videos con escenas originales, titulares de periódicos, fotografías auténticas, tráileres de películas y documentales completos. Todo con seriedad y sin establecer juicios de valor, pero conservando un estilo literario al narrar los acontecimientos.
Estudiaste Letras Españolas y tu obra formal abarca géneros como poesía, narrativa y ensayo. ¿Por qué escribir sobre estos temas?
Todo eso lo aplico en este blog. Mi obra formal, como la llamas, es otra cosa y puede leerse en mis libros o en mi website personal; pero Escrito con Sangre es un hobby y una pasión; siempre me ha fascinado la criminalística. Además fui periodista muchos años, soy miembro de la Sociedad Mexicana de Criminología y estudio la licenciatura en Criminología y Criminalística. La Historia es una de mis pasiones, y la historia del crimen es un área poco explorada.
¿Qué sigue en este proyecto?
Más biografías, más videos, más historias truculentas. Quizás organizar un encuentro sobre criminalística. He participado recientemente en algunos foros en la UNAM sobre este tipo de temas, y me han pedido que participe en programas de televisión que se transmiten nacionalmente. También estoy escribiendo un libro sobre tipologías criminales y algunos ensayos sobre temas como la relación entre Antropofagia y Erotismo.
Cuéntanos sobre ese concepto.
A través de la historia humana, diferentes culturas han practicado la antropofagia por motivos religiosos, bélicos, eróticos y criminales. Del canibalismo socialmente aceptado al señalamiento mediático del criminal que destaza y consume a su víctima, se ha desarrollado un proceso de sublimación del deseo de poseer al otro a un nivel absoluto: consumiéndolo, asimilándolo, reduciéndolo a comida. Los pueblos europeos, asiáticos, africanos y americanos practicaron en algún momento la antropofagia, la permitieron e inclusive la fomentaron, hasta épocas tan recientes como el siglo XX. De igual manera, la fascinación que los criminales devoradores ejercen actualmente sobre la opinión pública se refleja en el gran número de seguidores que estos personajes producen. El canibalismo permea muchas facetas de la vida en sociedad. Las artes, la antropología, la política, la sociología, la medicina, la religión, la filosofía, entre otros campos, se han ocupado del tema. Desde los relatos orales sobre vampiros hasta las notas periodísticas contemporáneas, consumir al otro es una pulsión inconfesable y secreta, a veces incontrolable y profundamente arraigada, donde inclusive el lenguaje está lleno de frases que aluden al tema. Por ejemplo, cuando los católicos toman la hostia les dicen que es el cuerpo de Cristo y que el vino es su sangre; cuando hablamos de querer comernos a alguien a besos, o cuando se menciona que nos “devora con la mirada”. No se puede soslayar el sentido erótico de esta práctica. Un aspecto más oscuro es el ejercicio del poder absoluto sobre el otro, haciéndolo desaparecer por completo y convirtiéndolo, literalmente, en estiércol. El impacto de la antropofagia sobre la psique humana y su asimilación por diversos imaginarios nos indica que se trata, quizás, de la práctica donde mayormente se funden amor y muerte, violencia y deseo, víctima y victimario.
Qué interesante. ¿Y los asesinos múltiples como estrellas?
Creo que el sitio que hace siglos ocupaban vampiros y hombres lobo es monopolizado ahora por los asesinos en serie. En torno a ellos se tejen historias, se mencionan sus nombres con fascinación, se publican notas periodistas, se escriben libros, se ruedan películas, se crean clubes de fans y se les ponen sobrenombres que aluden a sus delitos. Son los nuevos monstruos, aquellos más temibles que los que poblaban leyendas antiguas, pues se encuentran bajo el rostro de cualquiera de nuestros conocidos, familiares o vecinos, e inclusive en nosotros mismos. Muchos de estos nuevos mitos retoman viejas costumbres que solían identificarse con los antiguos monstruos: antropófagos, hematófagos, criminales que se creen licántropos, satanistas, ogros devoradores de niños, torturadores, son parte del nuevo imaginario que demuestra que los monstruos de antaño son los asesinos de hogaño. El asesino como estrella mediática es la renovación de las viejas consejas frente al fuego, de la fascinación de las víctimas ante la presencia de los depredadores humanos. Porque los asesinos son nuestros depredadores. Todo eso lo menciono en un ensayo titulado "Monstruos verdaderos", que leí como ponencia en la Facultad de Letras Modernas de la Universidad Nacional Autónoma de México durante 2010.
¿No consideras este website como una apología del delito?
No; aunque tampoco es una apología de la justicia o de la ley, pues en algunos casos nunca ocurre un castigo. Muchos crímenes quedan impunes o no se resuelven jamás; esas historias calan profundamente en la imaginación del lector. Otros prefieren relatos contemporáneos y algunos más se inclinan por leer las historias de auténticos sociópatas. Pero Escrito con Sangre no es una fábula con moraleja; es una página seria de investigación histórica sobre crímenes violentos, a la cual todos aquellos interesados pueden tener acceso. ¡Es un crimen perdérsela!
Con tantas ocupaciones, ¿no temes la dispersión?
No me gustan las etiquetas y no creo que un creador sólo pueda o deba dedicarse a una disciplina, y que si hace algo diferente esté invadiendo otros ámbitos. Mi visión sobre el Arte no es obtusa; habito la creación en la forma en que se manifieste: como una obra literaria, como una fotografía, como un diseño, como la escena de un filme, como una pieza musical… Crear es para mí una pasión, un tren que recorre varias estaciones, en algunas de las cuáles me apeo y en otras permanezco sentado.
¿Hay cosas que desees aún realizar, fuera de lo que ya has explorado?
Claro; sin embargo, aunque son proyectos viables, quizás se queden en el terreno de la fantasía. Quiero pintar un mural, un bestiario monumental. Tengo un proyecto de arte objeto: crear una serie de cajas con cabezas de unicel dentro, que representen la violencia. También pretendo dirigir cine: ya hay dos proyectos para largometrajes, basados en mis obras. Me encanta experimentar, ingresar en terrenos donde nunca he estado, hacer cosas nuevas y crear de maneras diferentes. Creo que eso es lo que nos conserva vivos: el cambio permanente. Y yo nunca dejo de cambiar.